Juan de Kronstadt

Juan de Kronstadt
Nacimiento 1829
Muerte 1908

Escritor religioso, misionero y un monárquico convencido, cercano a la dinastía imperial rusa. Se considera un ejemplo de la modestia, pero esto no concuerda con el hecho de que Juan, según su biógrafo, en su diario de los años de juventud se equivale a los «servidores de Dios» bíblicos y compara sus tentaciones con las de Jesucristo. Como a este, nunca le gustaban los gobernantes, los ricos y educados. Ante la gente ordinaria se sentía seguro y tranquilo, si en el templo estaban presentes los generales, funcionarios, ricos y las damas bien vestidas que no poseían «la sabiduría espiritual» y no reconocían ni de manera formal «el papel primordial de ortografía la fe ortodoxa», entonces trepidaba. Según Juan, las personas ilustradas eran los peores criminales, el obstáculo más grande para crear la sociedad cristiana ideal (y de verdad es así, cuesta sorber el seso de los ilustrados, pero fíjense, ¡cómo todo esto parece a las ideas de los bolseviques (normalmente lo escribimos como: bolcheviques), sus herederos espirituales!).

Juan era casado pero a la vez preservaba su castidad. Veía una relación directa entre comida, bebida y espiritualidad (cualquier comida sabrosa convertía el individuo en un «perro») y elaboró las reglas minuciosas y detalladas del consumo de alimentos que parecían a los preceptos de los Padres del desierto. Los platos se calificaban por su influencia en el estado del alma (trigo sarraceno, bueno; crema de leche, mala). Se excluían las combinaciones indecentes (no al rábano picante con vinagre). Se reglamentaba sin piedad la cantidad de lo permitido (se permitían no más de tres tacitas de café con leche tres horas después de la comida, pero tomar café y té a la vez era inadmisible). Su biografía El santo de nuestro tiempo cuenta que varios alimentos afectaban su estado de ánimo: lampreas en escabeche, queso verde (provocaba el dolor de dientes), empanadas (sobre todo con pescado, arroz y aceite), cerveza en días de ayuno (equivale a la borrachera), pescado (provoca tentaciones carnales, hay que comerla con cuidado). Al final abandonó sus numerosas reglas gastronómicas y las redujo a una sola, muy breve, que escribía en mayúsculas: NUNCA CENAR. A mí me encanta esta regla, pero nunca me bastaría la fuerza de voluntad para cumplirla.

Sin embargo, Juan de Kronstadt no entró en la historia por todo lo mencionado, sino por su crítica implacable del gran escritor ruso Léon Tolstói. Acusaba a Tolstói de «haber tergiversado el sentido del cristianismo», de «burlarse como satán de la Sagrada Escritura», de «pervertir la moral de la sociedad» y rezó sin cesar, como lo demuestran sus diarios, para que él sufriera una muerte violenta.

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